Publicado el

Vida Resucitada

Algo que podemos aprender de la resurrección de Jesús es que aquello que parecía un callejón sin salida es, en realidad, el comienzo de una vida nueva. Lo mismo se aplica al ciclo vital que observamos en la naturaleza. Ha llegado la primavera. Los árboles y las plantas están cobrando vida. Pronto estarán en plena floración, cumpliendo así el propósito de su existencia.

Al despertar a nuestra propia vida nueva, hallada en Jesucristo, comprometámonos a ser el corazón, la voz y las manos de nuestro Señor en este mundo. Para empezar, reflexionemos sobre la oración de San Francisco de Asís por la paz.

Señor, hazme un instrumento de tu paz:
Donde haya odio, permíteme sembrar amor; 
Donde haya ofensa, perdón; 
Donde haya duda, fe; 
Donde haya desesperación, esperanza; 
Donde haya tinieblas, luz; 
Donde haya tristeza, alegría.
Oh, Divino Maestro, concédeme que no busque tanto
Ser consolado como consolar,
Ser comprendido como comprender,
Ser amado como amar. 
Porque es dando como recibimos,
Es perdonando como somos perdonados,
Y es muriendo como nacemos a la vida eterna. 
Amén.

Piensalo:

  • ¿Estás de acuerdo con esta oración por la paz? ¿Por qué sí o por qué no? ¿Cómo refleja esta oración nuestra forma de vida? ¿Deberíamos considerar la caída de nuestras vidas? ¿Por qué sí o por qué no? ¿Has interiorizado verdaderamente esta oración? ¿Qué te sugiere la imagen de la cruz vacía?
  • How does this prayer reflect the way we live our lives?
  • Should we take into consideration the fall of our lives? Why or why not?
  • Have you truly internalized this prayer?
  • What does the empty cross image suggest to you?